Objetivo General
Desarrollar habilidades de expresión oral y escrita a través de la creación de un cuento original que comunique un valor o mensaje social (inclusión, empatía, respeto, diversidad), fortaleciendo la comprensión lectora, la producción de textos y la comunicación significativa.
Temas a Incluir
Elementos del texto narrativo: Personajes, narrador, ambiente, trama (inicio, nudo, desenlace).
Géneros literarios: Narrativo: cuento, fábula, relato corto.
Lenguaje y estilo: Uso correcto del tiempo verbal, puntuación y ortografía. Uso de recursos expresivos (adjetivos, metáforas simples).
Valor social o emocional: Inclusión, diversidad, resolución de conflictos, empatía.
Etapas del proceso de escritura: Borrador, corrección, versión final.
Expresión oral: Presentación del cuento (oral, visual, grabado o actuado).
Modalidades de Entrega
Cuento escrito (digital o manuscrito con apoyo visual).
Libro artesanal ilustrado.
Presentación en PowerPoint con audio.
Video narrado (cuento en voz del estudiante).
© Este cuento es propiedad de E. Bell y Laberinto Literario. Prohibido la reproducción parcial o total.
YANNI
Por las calles asfaltadas y polvorientas de Dos Ríos avanzaba a paso lento el cortejo fúnebre, las personas en la calle se persignaban y miraban con tristeza como marchaban los dolientes entre penas y sollozos. Juan Villalobos cargaba sobre sus hombros el ataúd pequeñísimo y blanco como la nieve, le seguían familiares, amigos, vecinos. Detrás en un coche lo acompañaban Elisa su esposa e hijos. Elisa estaba débil y agotada, las matronas de la familia habían pretendido que se quedará en casa descansando para evitarle ese sufrimiento de enterrar un hijo recién nacido.
Era una tarde del mes de marzo de mil novecientos noventa y seis, entre el tráfico siempre andaban aquellos autos apurados que rápido quieren avanzar, pitando sus cláxones sin parar, cuando llegaron al cementerio municipal y para la bóveda alcanzar había que escalar el cerro subiendo entre ramas y flores secas, rocas y escalones deshechos, el sol canicular ardía sobre el camino polvoriento. Los caminantes entre oraciones y rezos se abrieron paso para la subida, nuevamente la familia pretendía que Elisa no suba para evitarle alguna enfermedad de esas que les dan a las mujeres después de parir como hemorragias o preeclampsia. Pero no les hizo caso y otra vez sacó fuerzas para acompañar a su bebé. La escalera se hizo infinita y mientras subía al pisar cada peldaño que crujía los nueve meses regresaron otra vez.
Elisa era mujer que se casó muy joven, físicamente era muy bonita su rostro de luna, sus ojos pequeños, nariz respingada, labios de rosa, de baja estatura que lo compensaba con su gran e ingenuo corazón, contextura delgada, delicada y tierna con las inquietudes propias de su edad, era muy buena alumna en su época escolar. Un día conoció a un galán y poco a poco se enamoró de Juan Villalobos. Contra la voluntad de doña Juana su mamá los hicieron casar para que el primer bebé a bordo nazca dentro de un hogar.
A vivir a casa de la suegra los novatos fueron a dar, solo los regalos de bodas eran el patrimonio familiar, preguntaron a Elisa si al fin se encontraba en paz, la nueva señora Villalobos no atinaba que contestar. Alojados en la habitación dentro de la villa empezaba el nuevo hogar, con el paso de los días como era de esperar las relaciones suegra-nuera nunca han sido de celebrar, entre malas miradas e indiferencias; Elisa no daba más y cada mañana luego que Juan salía a trabajar ella cogía sus cosas y se iba a casa de mamá.
Al cabo de un año y de tanto suplicar los esposos Villalobos emigraron de la casa paternal y al fin a vivir solos se lograron retirar, alquilaron una habitación pequeñita para empezar esta nueva etapa matrimonial. Elisa estaba feliz por su independencia lograr y aunque sus bienes eran pocos lo mejor estaba por empezar. Al menos eso era lo que Elisa creía. Entre maltratos, abandono y humillaciones que tuvo que soportar tuvieron a sus hijos Lucas y Leo. La situación era de preocupar, Elisa no atinaba que hacer para ayuda buscar, solo callaba y ocultaba lo que toda la vecindad murmuraba.
Y como siempre lo perdonaba en una de sus reconciliaciones quedó de nuevo embarazada, la tristeza y depresión la rondaban porque no quería saber de una nueva gestación, todos los sueños estaban en el fondo de una quebrada; no podía estudiar ni trabajar solo ser madre y esposa, aunque no era lo que soñaba. Cayó en un inmenso abismo y cada día lloraba sin que nadie lo notara. Por primera vez no quería estar embarazada. Se puso a leer y a buscar información para hacerlo y que nadie sospechará. Recordó que había una planta mágica que si las mujeres la tomaban dejaban de estar preñadas.
Sabía que en el barrio en los jardines de una casa tenían sembrada esa planta mágica y que a la intemperie se encontraba, su olor por toda la cuadra emanaba y toda la vecindad inundaba. Sin que nadie la viera arrancó parte de una de las plantas y se fue a casa a preparar el agua aromática, el té caliente tomó y entre nervios, asustada el mortal efecto esperaba. Pasaban los días y nada sucedía, el embarazo seguía sin que nada ni nadie lo truncará.
Juan Villalobos seguía su vida desenfrenada, entre semana era el esposo, amante y padre que todos amaban, pero cada fin de semana desde el viernes se transformaba en un monstruo que asfixiaba. Amigos, juegos y alcohol eran una mala combinación; las consecuencias en casa se pagaban. Por su lado Elisa en su desesperación ni al cuidado prenatal ni consultas acudió porque no quería saber nada, pero en su vientre un ángel crecía y a la vida se aferraba, aunque en las noches cuando la panza inflada como luna de madrugada, ella sabía que algo malo pasaba, no era como los anteriores, había algo que la atormentaba, pensar que estaba pasando en su interior por haberse dejado llevar por la desesperación.
Su bebé Leo era pequeño ni dos años alcanzaba, cada vez que lo veía sus lágrimas brotaban, un día papá fue a visitarla y la vio como lloraba solo atinó a decir:
— No llores mi niña, cuando el bebé nazca todo será color esperanza —dijo papá.
Elisa solo callaba, sus penas a nadie le contaban. Pasaron los nueve meses de incertidumbre, era un fin de semana, sábado por la noche cuando don Villalobos andaba de parranda, empezaron las contracciones y Elisa sola con sus hijos se encontraba, sin teléfono para llamar a quien pudiera ayudar, en medio de la oscuridad los dolores aumentaban, los niños durmiendo en sus camitas arropadas, mientras mamá en medio de retorcijones aguantaba. La luz del alba por el balcón asomaba cuando don Villalobos apareció aquella mañana de marzo totalmente borracho dando bruces en plena casa y cayéndose a pedazos.
— Voy a parir —llévame a la clínica y avisa a la doctora le dijo Elisa.
Villalobos balbuceaba, no atinaba que hacer en medio de su jumera consiguió llevarla a la clínica momentos antes que el bebé naciera. A bordo de un taxi con las justas llegaron al centro de la ciudad y entró directo a parir al tercero de su matriz. Cuando por fin nació el angelito todos enmudecieron y se llenaron de pensamientos, Elisa sabía que algo malo pasaba, el bebé no lloraba solo se escuchaba como un lejano quejido que a bajo volumen emanaba. Nunca le mostraron al bebé, ni sobre su pecho lo colocaron para que ella lo cobijara, se llevaron a Elisa a su habitación a descansar y fuerzas recuperar. Elisa solo esperaba conocer a su angelito. Atrás quedaron esos sentimientos de rechazo, de no querer a su bebé, ahora solo quería abrazarlo, amamantarlo y quererlo a más no poder.
Llevaron al bebé a cuidados intensivos lo colocaron en una incubadora donde parecía dormir como si nada pasara. Ahí en su cuna especial respiraba y luchaba como un gran guerrero, aferrándose a la vida. La cuna era como el vientre de mamá, a través de ella respiraba y una vez nacido por sí mismo no podía hacerlo. Mientras tanto la junta de médicos llamó a Juan Villalobos para indicarle que el bebé moriría y nada se podía hacer, que había que sacarlo de la incubadora y esperar que poquito a poco descansara eternamente el angelito. Villalobos aceptó sacarlo de la cuna térmica y fueron los minutos más tristes de su vida ver a su bebé como luchaba por respirar y no podía debido a su condición. A los treinta minutos el angelito voló.
Las horas pasaban, las enfermeras entraban a la habitación de Elisa y hacían su labor, pero nadie le decía nada, ni su esposo, ni mamá. Ni una sola palabra. Silencio era el común denominador de aquellos que solo la miraban. Llegó la hora del alta y ahora sí pensaba que le llevarían al bebé aquella mañana y retornarían a su casa. Entró mamá y le dio algo de beber.
— El bebé murió —le dijo.
Elisa no comprendía lo que mamá decía. No entendía nada solo quería regresar a casa con el bebé en la canasta. Juan Villalobos lleno de vergüenza no podía a nadie mirar ni palabras adecuadas pronunciar, con resaca, no podía hacer nada para que la pena se apaciguara. Regresaron al hogar, el lugar de velación la sala de la casa, la cajita nívea pasando la puerta de entrada, allí reposaba el angelito con sus alas quebradas.
— Fue mi culpa —Elisa pensaba y sollozaba.
Cuando por fin vio al bebé entendió que la planta mágica hizo efecto de tardanza, mientras estaba en el vientre de mamá su corazón latía, respiraba y se aferraba con pujanza. Cuando salió de la vasija que lo alimentaba, a vivir por su propia cuenta; era imposible la subsistencia, no había poder humano que lo salvara. A pesar de ello era hermoso, grande, blanco, era un ángel candoroso. Elisa no se atrevió a cargarlo en sus brazos, solo pedía perdón en medio de su dolor. Había que enterrar al niño, burocracia y papeles que llenar para un espacio encontrar.
—¿Cuál es el nombre del niño? —le preguntaron a uno de sus tíos.
— No tiene nombre —les dijo.
— Póngale uno rápido —le solicitaron.
— Yanni Villalobos —se llama.
Llegó la hora de caminar al destino final donde su cuerpecito se iba a colocar, los hermanos de Yanni preguntaban, los primitos jugaban; no jugarían ni caminarían en manada. Muchas preguntas sin respuestas, nadie debía opinar, solo les quedaba acompañar a esa familia y no juzgar. Elisa pensaba:
«Yanni tu nombre es regalo de Dios»
«Yanni era un luchador un guerrero»
«Yanni tu hogar no era la tierra ni tu parentela»
«Yanni tu refugio se encontraba allá en el cielo»
«Yanni juegas y correteas junto a tú Creador»
«Yanni siempre serás el niño que se extraña con cariño»
«Yanni siempre serás el angelito de mamá»
Elisa buscaba a Yanni y no lo encontraba, los recuerdos la atormentaban, solo le quedaba caminar hasta el cementerio local para con flores y juguetes adornar su lugar de descanso terrenal, ella sabía cada noche cuando levantaba la mirada al cielo que Yanni estaba allá en la inmensidad del firmamento, jugando con cada ángel a los que le arrebataron la oportunidad de vivir, crecer y amar en este planeta infernal. Yanni se convirtió en el ángel de mamá, Elisa lo ama, lo extraña y cada día de su cumpleaños poemas le escribe:
Yanni perfecta estrella brillante en aquella estela
ángel en el cielo que cuida a mamá desde lejos
voz de los sin voz inmenso pequeño corazón
bebitos no deseados desechados sin razón.
Millones indefensos desarmados desde adentro
creaciones con vida propia su corazón latiendo
activistas gritan es mi cuerpo no me arrepiento
madres quebrantadas culpándose todo el tiempo.
¡Oh! pequeños ángeles sus madres dicen lo siento
Llegará el día esperado mamá ira a vuestro encuentro
susurrándoles bebés cánticos suaves y eternos
En brazos cargarán y brindarán su amor sincero.
Solo esperen a mamá lo dicen con sentimiento
ese día moraremos juntos en el firmamento
inmensa eternidad allá donde no hay lamentos
lugar celestial sin rechazo dolor ni tormentos.

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